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Acto de concesión de Insignias de San Bernabé

Mediaba el día cuando comenzaron a sonar las campanas de Santiago, acudiendo a su requerimiento los vecinos de aquel Logroño cuya población se contaba aún por pocos miles.

 

Interrumpieron todos las tareas y se aproximaron a los aledaños de la iglesia. Presurosos los jóvenes pero no menos ágiles los mayores que cuando la curiosidad se despierta se sacan fuerzas y las piernas responden. Los niños alegres y despreocupados. Muchos artesanos y agricultores aún con los útiles de labor en las manos. Y mujeres que no habían tenido tiempo ni de desatar delantales, varias con bebés al costado.

 

Fueron allí informados de las intenciones del ejército francés, ya confirmadas tras días de inquietantes rumores. Asumida la emergencia y tomada la decisión de no rendirse, cada uno puso a disposición de los demás lo mejor de sí mismo. Era el Logroño de 1521, un espíritu vivo y presente hoy en 2019.Partido Popular Logroño

 

El forjador encendió el fuego y fue ayudado por el herrero en la fabricación de armas y artilugios de combate, ensamblados con la experiencia del tornero y el carpintero. Al tiempo, el cantero y el minero prepararon el terreno, junto a labradores y otros voluntarios. El horno del panadero comenzó a producir sin descanso y el médico hizo acopio de  fármacos.               

 

Los más ancianos dirigieron la estrategia, con sabiduría, templando la naturaleza ansiosa de la juventud; el fuerte se puso al frente del cañón y el niño prestó su cuerpo menudo para la siempre necesaria tarea de acercamiento, espionaje y escaramuza.

 

Conocemos el final del relato, lo hemos repetido durante casi 500 años, de generación en generación, y también que el verdadero elemento de éxito fue la fuerza de todos, el espíritu cívico que se despertó: La solidaridad y generosidad de un pueblo.

 

Es lo que hoy reconocemos. En este acto que hemos convertido en justa tradición, distinguimos a personas que han hecho el bien. Que lo que les ha correspondido hacer -para lo que han tenido facultades, se han formado o han dedicado su empeño- ha sido beneficioso para el conjunto de la sociedad. Reconocemos por tanto no un hecho aislado, épico, sino una manera de ser, de comportarse, que tiene que ver con el orgullo y la fuerza que imprime el sentirse logroñés.

 

En 1521 Logroño fue cercada, asediada. Se encontró en una difícil encrucijada que fue solventada de manera victoriosa gracias a cómo somos los logroñeses. Convertidos en héroes sin quererlo, sin saberlo, sin opción en contra. No hubo momento para dudar. Triunfó el compromiso, el sentido del deber, el impulso innato de hacer lo correcto y dejarse la piel en hacerlo lo mejor posible. Un único objetivo: que Logroño no cayera derrotada, que no fuera sometida.

 

Hoy como ayer, su ejemplo es una inspiración en nuestros días, como ponen de manifiesto los propuestos este año para ostentar el título de “Insignes de San Bernabé”. Fernando, Manoli, Joaquín y María Jesús comparten esos valores y también tienen otro denominador común: creo no equivocarme si afirmo que nunca creyeron ir a encontrarse en este trance, que en su actuar nunca esperaron recibir recompensa alguna. Es la grandeza de las personas sencillas.

 

En su quehacer diario han irradiado talento, compromiso, bondad... despertando conciencias, estimulando la solidaridad; impregnando su entorno y poco a poco al conjunto de la sociedad. Logroño ha crecido fuerte y sigue invencible gracias a personas como ellos que día a día nos confirman que Logroño es dueño de su destino.

 

Podemos convocar al azar pero con la confianza de que nos encontrará preparados para asumir la más altas tareas que quiera encomendarnos. Logroño tiene un gran futuro porque tiene hombres y mujeres que están dispuestos a esforzarse por ello; cada uno ocupando su lugar, representando un papel, haciendo bien lo que va tocando.

 

A partir del día 15 una nueva Corporación se sentará en este Salón de Plenos en representación de los ciudadanos de Logroño. Hombres y mujeres, algunos ya experimentados en esta tarea y otros noveles, que pasarán a servir a sus convecinos de una manera distinta a la que han desarrollado hasta la fecha. Porque si algo nos ha enseñado el relato del Sitio de Logroño es que todos, desde posiciones anónimas hasta actividades con mayor visibilidad, estamos al servicio de un objetivo colectivo: Logroño.

 

Está en la esencia de nuestra ciudad y de una sociedad libre y democrática como la que afortunadamente disfrutamos.

 

Los 27 concejales que en estos cuatro años hemos ocupado estos escaños hemos tenido la encomienda de trabajar sin descanso por el bien común, ostentando en estos momentos un cargo público pero siempre de manera coordinada con la sociedad civil. Expreso mi gratitud a cada uno de ellos, con la seguridad de que la labor realizada servirá de base para seguir construyendo el futuro. Solo de este modo la ciudad podrá avanzar como nos demostraron los hombres y mujeres del 1521.

 

Con el mismo espíritu que quedó reforzado en el siglo XVI, los logroñeses seguimos interesados en participar, en contribuir a la causa común, resistiendo asedios, superando fronteras, minimizando distancias... el sentimiento de pertenencia se lleva dentro.

 

Fernando lo sabe bien. Hace tiempo que no reside en nuestra ciudad. Hoy tampoco ha podido venir a recoger personalmente esta insignia. Le echamos mucho de menos. Pero es precisamente su ausencia la que incrementa el valor de su “logroñesismo”.

 

Fernando Lázaro es uno de los logroñeses que más presume de serlo, y lo hace porque cuando se está lejos uno puede dejarse llevar o afianzar aún más el cordón umbilical que le une con su patria: Allí donde está su infancia, donde se halla su juventud. Él tiene aquí su casa, su familia, los buenos amigos de toda la vida. El lugar donde siempre quiere volver.

 

Fernando es “logroñés”, lo inicial, pero es también uno de los mejores periodistas que hay en España y un profesional que ha dado a su carrera una dimensión social como ha sido reconocida en el premio que la asociación de víctimas del terrorismo acaba de concederle: Medalla de Plata “Dignidad y Justicia”. Desde las páginas de “El Mundo” desde su creación, se ha especializado en información sobre terrorismo y seguridad, siendo responsable de la mayoría de las exclusivas del diario en estas materias. 

 

Manoli no es nueva en la tarea de recoger reconocimientos, pero siempre lo ha hecho en nombre de ASPACE o del CERMI, del que es presidenta en La Rioja -desde 2007- y vicepresidenta estatal -desde 2013-, presidenta del colectivo de parálisis cerebral desde 2017.

 

Ha llegado el momento de premiarla a título personal porque la causa por los derechos de las personas con otras capacidades ha sido tan esforzada que es de justicia reconocer empujes individuales tan titánicos y constantes como el de Manoli.

 

Si hoy hemos variado nuestra manera de referirnos y de ver la discapacidad, si hoy Logroño es una ciudad mucho más inclusiva que hace unos años, si hoy lo es afortunadamente menos de lo que estoy segura lo será en el futuro es gracias en muy buena parte a Manoli Muro. Su tenacidad y sus convicciones parten del amor y eso es lo que ella ha proporcionado a tantos niños, a tantas familias, que la ciudad siempre estará en deuda con ella.

 

Nuestro tercer insigne de este año es médico, una profesión de por sí entregada a los demás. Joaquín Yangüela la ha ejercido desde distintas especialidades (Aparato Digestivo y Medicina Interna), diferentes puestos de responsabilidad (alcanzó las jefaturas de ambos servicios y ha participado en numerosos congresos siendo autor de destacadas comunicaciones y ponencias) y siempre con un compromiso por la sanidad pública que le ha llevado a crear plataformas y asociaciones en su defensa.

 

Pero es que el doctor Yangüela, además, ha sabido ganar tiempo para entregarlo al voluntariado. Una vocación social que ha favorecido a colectivos como los grupos de alcohólicos, con los que ha mantenido una colaboración estable durante más de 30 años; los transeúntes, impulsando la creación del albergue, hoy Centro Municipal de Acogida; o los niños, siendo fundador y primer presidente de la Asociación Pro Infancia Riojana.

 

En estos momentos es responsable del Area de Integración Social de Cáritas Diocesanas y presidente de la Asociación Riojana de Solidaridad Anacaona de ayuda a República Dominicana y Haití.

 

Con esta trayectoria, el doctor Yangüela ha recibido muchos reconocimientos, incluido el Premio Humanidades y Cooperación de la Organización Médica Colegial de España. Sin duda le colmó de satisfacción por provenir de sus compañeros, del mismo modo que seguro le honrará esta insignia que llega de todos los vecinos de Logroño, los más próximos, los que más se han beneficiado de su generosidad y solidaridad.

 

En ayudar al que lo necesita se ha desvivido también María Jesús.

 

María Jesús Romero no nació en Logroño sino en Torrecilla sobre Alesanco pero desde los 16 años está vinculada a nuestra ciudad en donde obtuvo la diplomatura en Trabajo Social. Una vez más nos encontramos con una profunda vocación que se encauza en una profesión de servicio a las personas.

 

María Jesús conoce bien el problema de la despoblación y las dificultades a las que debe enfrentarse el mundo rural, de hecho fue la primera trabajadora social en este ámbito, ejerciendo en concreto en la zona del Camero Nuevo. Es una gran conocedora de la cultura y las tradiciones de La Rioja, coordinando numerosas muestras y exposiciones enraizadas en nuestra historia.

 

Sus inquietudes sociales le han llevado asimismo al voluntariado, tanto desde Cáritas como en la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, interviniendo de manera activa en sus reivindicaciones.

 

Fernando, Manoli, Joaquín y María Jesús

 

insignes de Logroño, certificada ya para siempre vuestra contribución al progreso de la ciudad. Como alcaldesa, en nombre de toda la Corporación y de todo el pueblo de Logroño os doy las gracias. Os hacemos depositarios directos del sacrificio, tesón y amor por Logroño que nuestros antepasados derrocharon sin esperar nada a cambio.

 Partido Popular Logroño

Este galardón concentra la gratitud que todos los demás os profesamos por haber dedicado tiempo, esfuerzo y maestría a la causa común. Una entrega que ha sido efectiva porque se ha llevado a cabo con generosidad, con alegría, con la materia de los sueños que se hacen realidad.

 

Logroño es hoy una gozosa realidad de la que todos los presentes nos sentimos orgullosos pero que nos sigue necesitando a cada uno de nosotros.

 

En esta mañana en la que hace casi 500 años estábamos a punto de recobrar la libertad, renovemos nuestro compromiso con el progreso de nuestra ciudad. Ser logroñés es un gran orgullo pero tan grande como el honor es también la responsabilidad de llevar este nombre. Las siguientes generaciones se mirarán en nosotros. No lo olvidemos.

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